Más misioneros para la Amazonía peruana olvidada por (casi) todos

Informe Prensa Celam

Bogotá, 31 de diciembre de 2021

La Conferencia Episcopal Argentina y las Obras Misionales Pontificias han unido fuerzas para abrir dos puntos de misión en el VRAEM –Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro–, una región rica en biodiversidad de la Amazonía peruana, pero olvidada por los gobiernos de turno. Así lo detalla a Misión CELAM, Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea, obispo del vicariato apostólico de Puerto Maldonado.

El prelado señala que esta es una región habitada por Asháninkas y Matsigenkas, invadida en los años 80 por los quechuas andinos provenientes de Ayacucho y convulsionada de manera especial en los años 90 por la violencia del grupo terrorista Sendero Luminoso. “Todavía hoy es un territorio estigmatizado, porque en los lugares más inaccesibles siguen activos rezagos de Sendero Luminoso entremezclados con el narcotráfico».

El VRAEM está invadido de cultivos de la hoja de coca, que en su mayoría está destinada a actividades ilícitas”, lamenta. Esto originó el desplazamiento de poblaciones indígenas enteras y la salida de misioneros. Tiempo después, tras la pacificación de la zona, su población fue retornando. En tanto, “así fueron surgiendo iniciativas de construir templos católicos y una incipiente organización del Pueblo de Dios en torno a las fiestas patronales y costumbres andinas”, explica.

El obispo de Puerto Maldonado indica que estas dos misiones que se levantan en el VRAEN tienen sus antecedentes desde 2008, cuando el dominico Roberto Ábalos, en visita a comunidades nativas constató la desatención pastoral de estas comunidades. Un proceso que llevó a la Iglesia peruana a erigir “canónicamente la parroquia Santa Rosa de Lima en Pichari para atender la margen derecha del valle, que es la que pertenece eclesiásticamente al Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado desde 1968”.

Nueve enviados

De hecho, a la fecha solo “dos sacerdotes atienden desde Pichari y Kimbiri una parroquia tremendamente extensa con ocho distritos, distribuidos en 170 kilómetros de la margen derecha del río Apurímac.

Son más de 200 comunidades y una población total de unos 60.000 habitantes”, de allí la importancia, con apoyo de la Iglesia argentina, de estas dos misiones que beneficiarán a estas poblaciones bajo la animación del Vicariato de Puerto Maldonado, amén del convenio establecido que incluye el envío de nueve misioneros: “Cinco laicos, dos religiosas y dos presbíteros, que se sumarán a los dos presbíteros que actualmente hay”.

“Queremos fortalecer comunidades cristianas conformadas por discípulos y misioneros que construyan y celebren caminos de santidad desde la interculturalidad y en sinodalidad, porque, sin duda, Querida Amazonía y el espíritu de Aparecida va dando sus frutos de querer vivir la experiencia de discípulos y misioneros en salida, comprometidos con la Amazonía, un bioma tan importante para la Iglesia y el planeta”, recalca Martínez.

Texto del Pbro. Luis Miguel Modino, equipo ADN Cela

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