
En este Día Internacional de los Trabajadores, y en la celebración de San José Obrero, quiero hacer llegar un saludo cercano y esperanzador a todos los trabajadores y trabajadoras.
Vivimos tiempos complejos, marcados por situaciones que afectan profundamente al mundo del trabajo: muchos hermanos y hermanas atraviesan la falta de empleo, otros sostienen su vida en condiciones precarias, y no siempre el trabajo logra ser ese espacio digno donde la persona pueda expresar y desplegar su creatividad, su humanidad y su vocación.
En medio de esta realidad, la figura de San José se vuelve luz y guía. Él, patrono de los trabajadores, desde la humildad y la sencillez de su tarea cotidiana, supo ofrecer lo mejor de sí para el bien de su familia y, en el misterio de Dios, para el bien de toda la humanidad. Su trabajo silencioso y fiel sostuvo la vida, y nos recuerda hoy que el trabajo es, ante todo, un camino de dignidad, de servicio y de amor.
Que el ejemplo de San José nos inspire a valorar y defender el trabajo como un derecho fundamental, a acompañar a quienes más lo necesitan, y a construir una sociedad donde cada persona pueda sostener su vida y la de su familia con dignidad. Que también, como en el hogar de Nazaret, nuestros trabajos sean semilla de valores que trascienden y se proyectan en las generaciones futuras.
Encomendamos a todos los trabajadores a la protección de San José, pidiendo que no falte el pan, la esperanza y la fuerza para seguir adelante. Que en este tiempo desafiante podamos redescubrir la fuerza de caminar juntos, acompañándonos de corazón, sosteniéndonos unos a otros y tendiendo la mano con generosidad. Que nadie se sienta solo, y que como comunidad sepamos abrirnos para cuidar, alentar y sostener la vida, especialmente de quienes más lo necesitan.
Con afecto y bendición,
Fernando M. Croxatto
Obispo de Neuquén




