
En una misa de acción de gracias presidida por el padre obispo Fernando Croxatto, la Diócesis de Neuquén celebró su 65° aniversario. En la misma celebración se homenajearon también los 50 años de sacerdocio de los padres Francisco “Paco” Flynn y Mauro Cavalieri, testimonios de una vida entregada al servicio del pueblo de Dios.
La Diócesis de Neuquén celebró con alegría y gratitud sus 65 años de vida, una historia marcada por la fe, el servicio y el compromiso con el pueblo neuquino. La misa de acción de gracias tuvo lugar en la parroquia Santa Rita, de la ciudad de Neuquén, y fue presidida por el padre obispo Fernando Croxatto, acompañado por sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles de distintas comunidades.
En el marco de esta celebración, la Iglesia neuquina dio gracias también por los 50 años de ministerio sacerdotal de los padres Francisco “Paco” Flynn y Mauro Cavalieri, cuya vida pastoral ha dejado una huella profunda en comunidades, barrios y ámbitos de servicio, especialmente entre los más vulnerables.
Al comenzar su homilía, el padre obispo Fernando expresó: “Hoy nos reunimos para agradecer a Dios, porque estos 50 años de fidelidad sacerdotal sólo han sido posibles sostenidos por Su presencia y Su Amor”. Y destacó el testimonio de los dos sacerdotes homenajeados: “Son piedras angulares de esta Iglesia diocesana, testimonio vivo de ese envío del Señor de ir de dos en dos, viviendo juntos la misión y entregando la vida en las periferias”.
El obispo subrayó que el aniversario de la Diócesis es ocasión para renovar la conciencia de la misión evangelizadora: “La razón de ser de nuestra diócesis es la misma razón de ser de la Iglesia: anunciar que no hay otro nombre dado a los hombres por el cual podamos ser salvados. El Salvador es Jesús”.
En un mensaje profundamente pastoral, invitó a toda la comunidad a vivir este tiempo con renovada docilidad al Espíritu: “Hoy el Señor también nos dice: sigan tirando las redes a la derecha. No se trata de volver a hacer lo mismo, sino de abrirnos a su palabra, dejarnos conducir por Él y discernir dónde nos pide anunciar hoy su salvación”.
El padre obispo Fernando insistió en que el horizonte para la Iglesia neuquina sigue siendo el amor: “Una diócesis dócil al Espíritu es lo que necesitamos en este tiempo, porque el Espíritu es el amor de Dios en nosotros. No dejemos perder el amor; trabajemos por reproducir el amor de Cristo, aunque nos lleve por el camino de la cruz”.
Retomando enseñanzas del papa Francisco, el obispo propuso cinco claves para el camino sinodal de la diócesis: inquietud interior, capacidad de entrar en crisis, humanidad, discernimiento y dinamismo creativo. “Una Iglesia estancada comienza a pudrirse; necesitamos una Iglesia que corra como el agua, siempre unida a su fuente, que es Cristo”, afirmó.
Ya en el cierre de la celebración, los padres Paco y Mauro dirigieron un mensaje conjunto de agradecimiento a la comunidad, poniendo el acento en el acompañamiento recibido durante estas cinco décadas: “Damos gracias a Dios porque su pueblo nos acompañó con paciencia, cariño, comprensión y estima, más allá de nuestras limitaciones humanas, espirituales y pastorales”.
Con emoción, destacaron que su ministerio sólo puede comprenderse desde el vínculo con el pueblo fiel: “Nuestros ojos están fijos en ustedes, porque fueron ustedes quienes nos ayudaron a sostenernos y seguir adelante. Gracias por todo lo que hacen en las comunidades; ustedes también son Iglesia viva”.
Como imagen final, evocaron los ladrillos a la vista del templo de Santa Rita para compararlos con la vida diocesana: cada persona, desde su lugar, visible o silencioso, sostiene la construcción común de esta gran familia de fe. Y concluyeron reafirmando la consigna que atraviesa este año: “En nuestra querida diócesis, en sus 65 años, lo único que no debe faltar es el amor”.
65 años de una Iglesia con identidad patagónica
La Diócesis de Neuquén fue creada oficialmente el 10 de abril de 1961 por el papa san Juan XXIII, mediante la bula Centenarius Annus, estableciendo su jurisdicción sobre todo el territorio provincial y fijando su sede episcopal en la ciudad de Neuquén. En ese mismo acto, la actual catedral María Auxiliadora fue elevada a templo catedralicio.
Su primer obispo fue don Jaime de Nevares, figura inseparable de la identidad de la Iglesia neuquina. Durante 30 años de episcopado, dejó una huella profunda por su defensa de los derechos humanos, los pueblos originarios, los trabajadores y los más vulnerables, dando a esta Iglesia una impronta pastoral comprometida con la justicia social.
Desde sus inicios, la diócesis desarrolló una fuerte identidad patagónica, cercana a comunidades rurales y cordilleranas, migrantes, barrios populares, hospitales, cárceles y espacios de dolor y esperanza. Ese camino fue continuado por sus sucesores —Agustín Radrizzani, Marcelo Melani, Virginio Bressanelli y hoy el padre obispo Fernando Croxatto—, manteniendo viva una Iglesia cercana al pueblo, donde, generación tras generación, Dios sigue caminando con su gente.






