
Cada 1 de octubre, la Iglesia Católica inicia la celebración del mes del Santo Rosario, una oración querida por muchos santos a lo largo de la historia y difundida especialmente por Santo Domingo de Guzmán.
¿Cómo surge el rezo del Santo Rosario?
El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 cuando se creó el salterio de los laicos. En esa época, los monjes rezaban los 150 salmos (Salterio), pero para aquellos que no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Avemarías usando, para contarlas, granos enhebrados por decenas o de nudos hechos en una cuerda.
En 1208, en una capilla de Prouille, Francia, la Virgen María se le apareció a Santo Domingo de Guzmán. Nuestra Madre tenía el Santo Rosario en sus manos. María se lo entregó a Domingo y le explicó que sería un arma poderosa de fe, paz y conversión. Le mostró también, una guirnalda de rosas que representaban las oraciones, y le enseñó a contemplar los misterios de la vida de Jesús y de Ella misma , mientras desgranaba las cuentas.
En 1569, el Papa San Pío V unificó y oficializó la estructura del Rosario mediante la bula papal “Consueverunt Romani Pontifices”. El pontífice organizó de este modo y definitivamente los 15 misterios en tres bloques de cinco.
El Rosario permaneció intacto durante más de cuatro siglos hasta que el Papa San Juan Pablo II publicó la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae”, donde introdujo los “Misterios Luminosos” para meditar sobre la vida pública de Jesús.
La Santísima Virgen María ha hecho promesas para quienes recen con fervor y diariamente el Santo Rosario.
Preguntémonos, ¿con qué frecuencia lo rezamos?
Que este mes, dedicado a esta devoción, sea el punto de inicio en ella, no por las promesas o beneficios que pueda otorgarnos, sino para manifestar nuestro amor a Maria, ofreciéndole una rosa cada vez que recitemos un Avemaría.
Que María nos enseñe a contemplar desde su corazón cada misterio para crecer en el amor a su Hijo y como Él llevar adelante la misión que en este mes misionero nos ha confiado como Iglesia.




