
La Iglesia Católica vive el mes de octubre, dedicado en todo el mundo a despertar el espíritu misionero en los fieles.
Durante este mes, llamado «Mes de las Misiones» se intensifica la animación misionera, uniéndonos todos en oración, el sacrificio y el aporte económico a favor de las misiones para que el Evangelio se proclame a todos los hombres.
Cuando hablamos de “Octubre Misionero”, no podemos dejar de mencionar las “Obras Misionales Pontificias” (OMP) que son una Institución oficial de la Iglesia Católica, cuya misión es promover el espíritu misionero en todos los católicos y recaudar fondos para apoyar a los misioneros en todo el mundo.
A mediados del siglo XX, en 1951, el arzobispo estadounidense Monseñor Fulton J. Sheen, quien en ese momento se desempeñaba como Director Nacional de las OMP en los Estados Unidos, ideó el Rosario Misionero.
Su idea fue transformar el rezo tradicional del Santo Rosario en una oración universal por la paz, la evangelización y las necesidades de todos los pueblos del mundo.
Cada decena del Rosario Misionero, utiliza un color simbólico asociado a las características geográficas o misionales de cada región:
1.º Misterio (Verde): África — Representa las verdes selvas y praderas del continente, pidiendo por su comunidad cristiana y su labor evangelizadora.
2.º Misterio (Rojo): América — Simboliza la sangre derramada por los mártires y misioneros que dieron testimonio de la fe en estas tierras.
3.º Misterio (Blanco): Europa — Alude al color de las vestiduras del Papa, recordando a la sede de la Iglesia y pidiendo por el renacer de la fe en el continente.
4.º Misterio (Azul): Oceanía — Representa el océano y la gran cantidad de islas y archipiélagos que componen su territorio.
5.º Misterio (Amarillo): Asia — Evoca los antiguos pueblos orientales y el color de sus campos, rezando por la Iglesia en zonas donde los cristianos son minoría o enfrentan dificultades.
Todos los bautizados somos misioneros por naturaleza, debido al compromiso que hemos adquirido en el Bautismo de anunciar el Evangelio. La misión de llevar a Cristo no es exclusiva de sacerdotes, religiosas o misioneros que viajan a otros países; nos corresponde a cada uno de los bautizados.
Se puede ser misionero en la vida cotidiana: en el hogar con la familia, en el trabajo, en la escuela, con los amigos o en la comunidad.
Pidamos al Señor que nos encienda el corazón siendo fieles misioneros, donde sea que no estemos, para que el mensaje de la Buena Nueva de Jesús llegue a todos los rincones del lugar donde vivimos y al corazón de las personas con quienes nos relacionamos en nuestra vida cotidiana. Que el rezo del Rosario Misionero encienda en nosotros el ardor de ser Iglesia en salida.




